miércoles, 25 de marzo de 2015

Hay que saber elegir



sobre The homesman, de Tommy Lee Jones (2014)


                Es imposible contar una historia en su completitud, sea real o ficticia. Simplemente no hay forma. Cualquier buen narrador sabe, de entrada, que algo, sino mucho, quedará por fuera de la historia que se dispone a contar. El pasado de los personajes, el futuro, lo que piensan, lo que dicen cuando el narrador no se concentra en ellos y se dispone a describir otra cosa, etc. A veces alcanza con un simple “y pasaron los días” en la boca del narrador o un título sobre una pantalla negra que dice “unos meses después”, para que el narrador muestre la hilacha y descubra al mismo tiempo que es imposible narrar el todo de una historia. A partir de esta inevitable mecánica que es la narrativa surge entonces una de las decisiones (en el caso de The homesman quizás más bien se trate de selecciones) más importantes para el narrador: ¿qué narrar? E inmediatamente a esta pregunta le seguirá: ¿cómo narrarlo? Pero es la primera pregunta la que me interesa. The homesman es una película que en 122 minutos narra una novela de 256 páginas intermediada y reescrita por tres guionistas, un director (uno de esos tres guionistas) y finalmente un editor -y simplemente por buen tipo o confiado, voy a obviar las decisiones o selecciones que seguro tomaron ciertos productores o ejecutivos del estudio que financió la película. Olvidándonos de que en un primer momento Glendon Swarthout, el escritor de la novela en la que se basa esta película, tuvo que decidir qué narrar, vamos a concentrarnos en lo que los demás individuos involucrados seleccionaron narrar de aquella historia. Punto crucial este, ya que lo considero el más determinante para decir que The homesman es una muy mala película.
         No se puede narrar todo. No se puede contar la historia de una solterona fría y amargada, la de tres mujeres que pierden la razón a partir de tragedias o malas vivencias, la de un hombre descarriado y vagabundo, la de una sociedad machista, repulsiva y estancada, la de un viaje por el desierto que todavía es tierra de nadie. No en 122 minutos, y probablemente tampoco en 256 páginas. Lo que sí se puede es contar la historia de un hombre y una mujer transportando a tres mujeres desquiciadas a través del desierto del middle-west estadounidense de mediados del siglo XIX. Pero no es esto lo que narra The homesman. Sino todo lo anterior, o al menos lo intenta. Y digo que lo intenta porque no funciona, no sirve. Los guionistas seguro se vieron frente a la tarea de seleccionar escenas, momentos y diálogos específicos que permitieran el desarrollo de la historia. Entonces recurrieron a momentos fuertes, a unos pocos humorísticos, a escenas de muerte y de camaradería, a situaciones que intentan conmover con moralidad y nobleza cuando en realidad asquean con patetismo y falso sentido. Los guionistas cortan y pegan todo esto armando un collage lineal (con ciertas excepciones hacia el principio cuando por flashbacks vemos breves escenas que se presentan para explicar de dónde surge la locura de las mujeres desplazadas) que se termina transformando en la narración que nos llega hecha película. En este copy-paste se equivocan. Se equivocan, por citar un ejemplo, cuando muestran a un hombre dispuesto, sin culpa alguna a abandonar a tres mujeres mentalmente desequilibradas en el medio de la nada, y en la escena siguiente se ve motivado a matar a cuatro hombres y prender fuego un hotel porque se rehusaron a alimentar y albergar a las mismas mujeres.
        Esto pasa mucho con películas basadas en novelas (en su mayoría extensas novelas), pero hay unos pocos casos en los que las decisiones sobre qué narrar se toman casi a la perfección. Es el caso de There will be blood, de Paul Thomas Anderson; o de No country for old men, de los hermanos Cohen, que toman la osada decisión de no contar la escena en la que el personaje principal de la película muere, y ni siquiera se gastan en explicar cómo exactamente sucedió; o como en la Lolita de Stanley Kubrick, quien decide directamente deshacerse de la mitad de la novela de Nabokov para narrar la historia que más pertinente le parece. Quiero decir, estos directores-guionistas supieron elegir qué narrar. Tommy Lee Jones con su versión de The homesman, no. Tomó el todo, le recortó a su criterio las partes más relevantes y dio vida a una película bastante amorfa cuyas partes no se mantienen unidas y solamente podrían funcionar por separado, como pequeñas escenas o cortometrajes. Dije podrían, porque creo que tampoco funcionan por separado. Podría yo explayar mis críticas a muchos de los diálogos y a la mayoría de las actuaciones. Pero hay que saber elegir, y yo elegí que este artículo se base en eso mismo, y en nada más.

4 Dodines
Esa es mi calificación. Porque la fotografía es increíble, porque la música por momentos es muy buena, y porque me hizo acordar a cuando leí Las nubes, de Juan José Saer.



Propongo la siguiente película:
12 angry men, de Sydney Lumet
Estados Unidos
1957


 http://www.peliculaswarez.net/peliculas/12-angry-men.html
 



No hay comentarios:

Publicar un comentario